ROSITA
Un cuento que no era cuento, un homenaje que sí lo es. Mi abuela me contaba historias, de cuando era pequeña, de su familia, de sus hermanos… Pero la que más me gustaba era la historia de Rosita. Rosita era una niña de mi edad, nieta de una señora que conocía ella del mercado de abastos. Curiosamente, a Rosita le pasaban las mismas cosas que a mí: también tenía un hermanito pequeño, pasaba mucho tiempo en casa de sus abuelos... Pero había algo que hacía Rosita y yo no: Rosita comía de todo. Le gustaban justo esas cosas que a mí me daban pereza probar. Y claro, por eso —según mi abuela— estaba más grande, más alta, más fuerte. , Me encantaba ir con mi abuela a todas partes; parecíamos la gallina y su pollito. Y me ilusionaba ir con ella al mercado, por si un día, por fin, veíamos a Rosita. Pero nunca la veíamos… Tardé años en entender que Rosita no existía. O quizás no fui yo quien lo comprendió, sino mi tía —en un ataque de celos o de sinceridad sin filtro— quien me dijo que todo ...